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Home Crónicas de lo insólito El lenguaje humano: un regalo de los dioses

El lenguaje humano: un regalo de los dioses

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 Lenguaje CB La Revista
 Fuente: MorgueFile

Nuestra historia se inició probablemente hace cuatro millones y medio de años (Australopithecus) pero no fuimos capaces de caminar erguidos hasta hace dos millones y medio de años (Homo Erectus) y no pudimos hablar seguramente hasta mucho después de la Eva mitocondrial, una mujer Sapiens que habitó hace ciento veinte mil años en Africa y que, según estudios de ADN, de ella, exclusivamente, descendemos los humanos. Pero todo parece indicar que el lenguaje no apareció hasta mucho después, quizás con el Homo Sapiens Sapiens (Cromagnon) hace treinta y cinco mil años. Durante todo ese tiempo, la humanidad ha ido perfeccionando una maravillosa y excepcional herramienta: el lenguaje, la cual nos permite transmitir nuestro mayor tesoro: los pensamientos.
El hombre, cuando capta una información la desglosa en palabras, interpretándosela a sí mismo para después exteriorizarla a través del lenguaje. "Nuestra relación con el entorno está determinada por el pensamiento –afirma el doctor González de Rivera–, pero éste no sólo se expresa a través del lenguaje, sino que se estructura gracias al lenguaje, luego podemos decir que hay dos lenguajes en el hombre: uno interno, sobre el que se construye el pensamiento, y otro externo, que nos sirve para comunicarnos". Lo cierto es que ningún animal de ninguna especie puede producir una conversación en donde intervengan procesos mentales abstractos, símbolos y signos de la complejidad de nuestro lenguaje.

Lenguaje e inteligencia humana: un binomio inseparable

El lenguaje nos confiere la categoría de seres inteligentes superiores, ya que se han distinguido dos formas de inteligencia: la inteligencia práctica, que existe en los animales, y la inteligencia discursiva, que es propia del ser humano.
La inteligencia discursiva nos permite especular ante una situación, pensar antes de actuar. Gracias a esta inteligencia, analizamos y sintetizamos, descomponiendo las situaciones en términos distintos y combinándolos para obtener unos efectos concretos. El substrato indispensable del pensamiento humano es el lenguaje, ya sea expresado hacia el exterior –hacia los demás– o hacia el interior –a nosotros mismos–. Así lo ha demostrado, entre otros, el científico soviético Lev Vigotski, que estudió este aspecto sorprendente del lenguaje. Según Vigotski, el habla "interior" es la que nos permite gestionar conscientemente nuestro pensamiento: "Actúa el habla 'interior' cuando, por ejemplo, nos preguntamos: '¿Qué cené ayer por la noche?', '¿Dónde he puesto los zapatos?', etc. Así pues, el lenguaje nace de la representación mental lingüística que hacemos de las informaciones que recibimos y de las que queremos expresar".
Las dos inteligencias, la práctica y la discursiva, coexisten en el hombre, pero no en el animal. La razón estriba en que entre una y otra hay una diferencia de naturaleza. Esta diferencia es la aparición de la función simbólica –las palabras– del pensamiento, propia de la especie humana. De esta forma, como dijo el neurofisiólogo H. Wallon, "la inteligencia del hombre es una inteligencia que actúa sobre operaciones y su campo de actuaciones es un campo abstracto, el mental. Gracias al poder que tiene la inteligencia para representar, escapa a lo concreto y actual, puede conservar el pasado, prolongar el presente hacia el futuro y concebir lo virtual y lo posible. De hecho, la inteligencia humana se desarrolla simultáneamente con el lenguaje". En el ser humano, se dan las dos formas de inteligencia por igual, práctica y discursiva, pero la primera en emerger es la "práctica" y apenas se esboza cuando ya aparece la segunda. Durante los primeros meses, el ser humano basa su comunicación en actitudes expresivas y mímicas, siendo el grito y el gorgojeo los preludios del habla. Pero el lenguaje no aparece hasta los dos años de vida, con la maduración de las estructuras nerviosas indispensables, las áreas corticales, para realizar la función simbólica; es decir, cuando el cerebro es "maduro" para ello. En las etapas sucesivas, el lenguaje y el pensamiento se van sincronizando hasta que llegan a integrarse de tal manera que lo uno es la expresión de lo otro.

El lenguaje nos hace humanos

 Evolucion humana CB La Revista
 Fuente: Laurence D Smart

¿Es el lenguaje un distintivo específicamente humano? El psicólogo evolucionista Robin Dumbar de la Universidad de Liverpool argumenta: "Los humanos somos grandes simios, como los chimpancés, los gorilas y los orangutanes; pero los cerebros son mucho mayores que los de los demás grupos de especies a igualdad de masa corporal. Si estuviéramos dentro de la norma de los mamíferos, nuestro cerebro sería diez veces menor, ya que en los mamíferos el peso del cerebro varía como una potencia constante de la masa corporal. Nuestro cerebro, que contiene, excepcionalmente el dos por ciento de nuestra masa corporal, contribuye entre el quince y el veinte por ciento a nuestro consumo energético, por lo que pienso que si los mecanismos de la evolución nos dotaron de este gran cerebro –pese al inconveniente del consumo energético–, sería porque nos procuraría una ventaja adaptativa".
Dumbar opina que el aumento del cerebro, tanto en primates como en humanos, es el resultado de la evolución por necesidades de adaptación al medio. El neocortex, la fina capa exterior donde tiene lugar toda la actividad cerebral consciente, es la parte del cerebro que más ha crecido durante la evolución de los primates –del cuarenta por ciento del tamaño del cerebro de los demás mamíferos pasó al ochenta en el caso de los primates–. Algunos evolucionistas relacionan el tamaño del neocortex con el tamaño de los grupos sociales de las distintas especies animales, afirmando que el neocortex crece a medida que crece el grupo porque las relaciones se hacen más complejas. Los primates han desarrollado un sistema gestual de comunicación y los humanos uno de signos, como resultado de una adaptación más selectiva. Pero ¿por qué los primates o cualquier otra especie, al crecer en número, no tuvieron la necesidad adaptativa de desarrollar un medio de comunicación como el lenguaje humano y se limitaron a utilizar un lenguaje de gestos o sonidos?
Existen, sin embargo, experimentos que muestran haber conseguido enseñar elementos de lenguaje a simios en cautividad. Así, en Kanzi, un joven chimpancé enano estudiado por S. Rumbaugh, de la Universidad del Estado de Georgia, expresa y comprende algunas órdenes orales moderadamente complejas. Pero estos enunciados de Kanzi suele limitarse a la asociación de dos o tres símbolos y su complejidad gramatical no supera a la que domina un niño de dos años como máximo. Respecto a esta teoría, el doctor González de Rivera opone que "los niños progresan y acaban adquiriendo un lenguaje estructurado con una gramática compleja, y los simios, no. Por tanto, no se puede llegar al lenguaje a partir de la evolución de un sistema de comunicación basado en gestos o gruñidos".
El psicólogo y antropólogo M. Donald de la Universidad de Stanford sostiene, por el contrario, que el grito de los primates constituye en sí mismo un mensaje, mientras que las palabras pronunciadas por los humanos pueden combinarse de manera original para crear el mensaje; en este sentido, manifiesta que "un modo de expresión tan complejo como el lenguaje humano apareció pues como un suceso único, una especie de Big Bang lingüístico. Los gorilas y los chimpancés pueden aprender a comunicarse en un lenguaje de signos simples o de gestos, pero nunca podrán hablar".
El lenguaje verbal apareció por primera vez de forma insospechada en el Homo Sapiens y posiblemente por mutación genética, según sostiene el antropólogo estadounidense Gordon Hewes (Science, 086). Su teoría se apoya en la siguiente observación: "En los primates, la vocalización, en gran parte limitada a sonidos, está controlada por el sistema subcortical, mientras que en los humanos la vocalización está controlada por las áreas corticales. Esto explica el motivo por el cual la enseñanzas de signos a los chimpancés ha dado mejores resultados que el intento de inculcarles un lenguaje articulado similar al nuestro. Debió ocurrir algún tipo de mutación genética que permitiese modificaciones importantes del aparato fonatorio, así como la transferencia del control de la verbalización de las áreas subcorticales a las corticales". Experimentos efectuados a través de resonancia magnética nuclear, durante el proceso de comunicación de signos empleado por una persona sorda, muestran la activación del área de Broca –en la parte inferior del lóbulo frontal–. La misma región se activa cuando practicamos un lenguaje hablado.
Por otra parte, la posición de la laringe en el cuello es mucho más baja en el hombre que en los demás primates; el volumen de la faringe también es mayor, por lo que podemos utilizar este órgano para modular los sonidos producidos por nuestras cuerdas vocales.

Cuando comenzamos a hablar

En la mayoría de las culturas, las tradiciones orales que han permitido la conservación de mitos sobre el origen de la humanidad entre las sociedades arcaicas han sido veladas por las grandes religiones. Por ello, resulta complejo establecer el momento justo en el que el hombre comenzó a hablar.
Existen tres grandes teorías que intentan explicar el fenómeno de la aparición del lenguaje en la especie humana:

  • La místíca:  asegura que el logos o palabra existió desde el principio. Si la palabra no estuviese corrompida por el uso, expresaría la esencia de las cosas. Las palabras son producto de la naturaleza divina y no creación del hombre. Este fue el concepto que expuso Platón y los neoplatónicos, y que fue retomado por algunos filósofos y naturalistas a lo largo de la Historia: Heyse, Leibniz, etc.
  • La física: explica que el lenguaje es un producto del hombre, fruto de la reflexión, quien llamando a cada cosa por su nombre, a medida que la necesidad le obligó, dio origen al lenguaje. Así se explica en el Génesis el origen del lenguaje: "Y Dios había creado de la tierra a todas las bestias del campo y a todos los pájaros del aire, y los hizo venir hacia Adán para que les diese un nombre, y el nombre que Adán les dio fue su nombre".
  • La evolucionista:  el origen del lenguaje se asienta en la imitación de los sonidos naturales, por onomatopeya. Sostienen que la comunicación inicialmente se realizaba por gestos y que después evolucionó al sonido, por necesidad al aumentar el grupo, para comunicarse a distancia y en la oscuridad. Finalmente, el sonido derivó en un primitivo lenguaje onomatopéyico. Así, los egipcios llamaban al gato –que no se conoció hasta la duodécima dinastía– "miau"; los papúes llaman al hacha de hierro "din-din", etc.                                            

Todos los antropólogos coinciden en la misma valoración para situar la aparición del lenguaje y es que el hombre primitivo, como el niño, no discurre con palabras, sino con frases hechas. El fenómeno de desenvolver una idea en sus distintos elementos supone una mentalidad muy avanzada.                                                                  
Antropólogos como Donald, Lieberman, Becke Cann o el premio Nobel, el fisiológo Walter Gilbert, están de acuerdo en asociar tres etapas en la adquisición del lenguaje: una primera etapa en la que sólo emitirían sonidos o gruñidos (Australopithecus, Homo Erectus, Neanderthal); una segunda etapa (Homo Antecesor, Homo Sapiens) en la que usarían vocablos que expresaban frases o ideas completas y que tenían su expresión escrita en las pictografías primitivas; una tercera etapa (Hombre de Cromagnon, Homo Sapiens Sapiens) en la que surge el lenguaje elaborado, el uso de palabras y las primeras formas de escrituras.           
Al parecer, sólo el Homo Sapiens Sapiens pudo utilizar el lenguaje hablado, de manera que el lenguaje con estructura, eminentemente humano, nos separó de nuestro antepasado común simiesco. Philip Lieberman, psicólogo de la Universidad de Liverpool, basándose en restos fósiles afirma que los homínidos tardaron en disponer del aparato fonatorio necesario para el habla y que incluso al hombre de Neanderthal, desaparecido hace sólo treinta mil años, le fue imposible articular palabras, por carecer de él. Si la capacidad de hablar está inexorablemente unida a la capacidad de pensar o al uso de la inteligencia discursiva, surge la siguiente incógnita: ¿existe el hombre como tal antes del hombre parlante? Existen tres hipótesis que tratan de dar respuesta a esta interrogante:

  • No hay hombres hasta que aparece el Homo Sapiens (Cromagnon). Vivió hace diez o quince mil años y su capacidad encefálica era de mil cuatrocientos centímetros cúbicos) porque sólo a partir de esta raza es plenamente demostrable el carácter humano.
  • Hay hombres ya cuando aparece el Homo Erectus. Vivió hace un millón de años y tuvo una capacidad encefálica de seiscientos centímetros cúbicos porque, a pesar de su anatomía arcaica, desarrollan la industria lítica y utilizan el fuego. En este grupo se incluirían sus sucesores, entre ellos el Neanderthal, con una capacidad encefálica de mil quinientos centímetros cúbicos, pero que no consiguió hablar, y que al parecer, según pruebas de ADN, padeció cretinismo.
  • Ya hay hombres en el Terciario cuando aparece el Austraalopithecus. Vive hace cuatro millones de años; tiene una capacidad encefálica de cuatrocientos centímetros cúbicos  porque representan la variante anatómica decisiva con respecto a los simios superiores.

Pero si el hombre humano se diferencia del animal por poseer una inteligencia discursiva que le permite elaborar conceptos abstractos, pensamientos, y éstos se articulan mentalmente con la misma estructura que la del lenguaje, tanto en mudos como en parlantes, y gracias a todas estas peculiaridades puede utilizar el lenguaje, podemos proponer que el primer hombre fue aquel que estaba en posesión de la palabra como expresión de un pensamiento, y esto sólo pudo hacerlo, a la luz de los últimos descubrimientos, el Homo Sapiens. Difícilmente pudieron hablar los homínidos anteriores al Sapiens; así parecen indicarlo los resultados del estudio realizado por los investigadores del John HopKins Univerity. Hasta hace muy poco, se creía que los puntos de almacenamiento de la memoria y las relaciones espaciales se producían en la misma zona del cerebro tanto en primates como en hombres, siendo el área de las relaciones espaciales la mitad superior del cortex frontal y la de la memoria su mitad inferior. Sin embargo, tras las pruebas obtenidas por medio de resonancia magnética (MRI), se demuestra que en el cerebro humano tienen una posición diferente, debido a que en el hombre se produjo un aumento del córtex cerebral empujando el área de la memoria hacia atrás. La antigua área de la memoria en el hombre fue ocupada por otras funciones, formándose en ella los centros dedicados al razonamiento abstracto o, lo que es lo mismo, funciones pura y exclusivamente humanas.   
   
¿Hablamos gracias a una mutación genética?

Si los últimos avances científicos en el estudio de nuestros antepasados preconizan que el hombre no pudo hablar hasta que fue Homo Sapiens Sapiens, tan sólo hace unos treinta y cinco mil años, y si se sostiene, además, que las otras razas anteriores, incluso las que coexistieron con el Homo Sapiens, nuestro antecesor directo, pertenecen genéticamente a otras especies, se plantea la siguiente incógnita: si Adán y Eva no están tan lejos y somos una especie que surgió a raíz de otros "intentos fallidos" de hombres  dentro del acontecer de la evolución, ¿qué elemento intervino para que el "proyecto hombre" se saldara con éxito en el Homo Sapiens Sapiens? ¿Fue su capacidad encefálica, la disposición del aparto fonatorio o una mutación genética que, además de incluir las anteriores correcciones, diera herramientas para que el hombre fuera poseedor de una inteligencia discursiva y un lenguaje que le condujesen hacia la humanidad?
Las consecuencias del cambio fueron la aparición de las culturas del Neolítico y la escalada hacia las civilizaciones antiguas. Todo hace pensar que tuvo que darse tal mutación, ya que el hombre consiguió en menos de cien mil años lo que no habían conseguido los hominidos en cinco millones. Walace, codescubridor con Darwin de la teoría de la evolución, afirmaba que el hombre era una excepción para el metódico sistema de las leyes biológicas de la evolución.
Los grandes saltos evolutivos –como el que ocurrió con el Homo Sapiens y el Homo Sapiens Sapiens– tienen su origen, casi exclusivamente, en mutaciones genéticas, pero la pregunta es si los genes que intervinieron en nuestra conversión en hominidos parlantes fueron gobernados exclusivamente por la selección natural o hubo un agente externo.
A principios del pasado siglo XX, el químico Arrhenius planteaba la hipótesis del origen extraterreste de la vida y del hombre, hipótesis conocida como panspermia. El premio Nobel Francis Crick, descubridor del funcionamiento del ADN junto con J. Watson, afirmó que sin lugar a duda el origen de la vida debió ser extraterrestre y también el del hombre. Otros investigadores ven la repentina aparición del Homo Sapiens con la facultad del lenguaje no sólo como la señal inequívoca del hombre racional o humano, sino como la evidencia de que una manipulación genética permitió la mutación, ya que no de otro modo pueden explicarse los espectaculares progresos obtenidos por el hombre en tan corto espacio de tiempo. El investigador y escritor ruso Zecharia Sitchin afirma que las antiguas religiones ocultan el relato de una ancestral manipulación genética, realizada por los nefilim o dioses creadores, que condujo a la creación de Adán y de Eva, los primeros Sapiens, de los cuales descendemos todos los seres humanos .
El lenguaje, posiblemente el regalo de los dioses, nos permite pensar y expresar pensamientos, y éstos nos llevan a preguntarnos sobre quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde caminamos, pero la última palabra la tiene todavía "un mañana".

Luisa Alba González

 

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