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Home Ecología mental Nuevo año, viejos propósitos, eternos aplazamientos

Nuevo año, viejos propósitos, eternos aplazamientos

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Nuevo año CB La Revista
 Fuente: MorgueFile

En unos días, hará un año que se publicó Diario terapéutico de un Extraterrestre. A este libro siempre le tendré un cariño especial, por ser el primero, pero sobre todo porque cada vez que lo leo me acuerdo de lo difícil y maravilloso que es pertenecer a esta especie animal tan peculiar que somos los seres humanos. Creo que en ese extraterrestre he proyectado las ambivalentes sensaciones que me despierta el hombre. Es curioso cómo en una misma persona podemos encontrar compartiendo el mismo espacio emociones tan antagónicas como el  amor y el odio, el egoismo y el altruismo, la fuerza y la debilidad, la envidia y la generosidad o la exigencia con la permisividad. El verdugo, cuando se acerca su final, nos acaba generando lástima, mientras que el bondadoso suscita nuestro recelo desde el principio. No es raro que a alguien a quien amamos acabemos por no hablarle, y que aquel otro a quien no entendimos ahora sea nuestra alma gemela; a veces, sucede lo contrario. Estas posiciones encontradas en la distancia de los extremos mudan de un lado a otro del tiovivo con la misma facilidad que los árboles prestan sus hojas al fértil suelo, sirviéndole de abrigo para afrontar el duro invierno.

Unos humanos son más estables que otros, claro, pero cuanto más te alejas de nosotros, cuando el juicio viene de un extraterrestre al que le  importa un cuerno todos los inventos morales que han creado una mayoría, otorgándole una verdad sólo al alcance de los dioses griegos, cuando alguien así es el encargado de escudriñar en nuestro interior, los buenos y los malos, los sanos y los perturbados, vuelven a estar más cerca los unos de los otros de lo que nunca quisieron. Agua y fuego, fuego y agua.
Nuestra pócima siempre tiene los mismos ingredientes, aunque en proporción variable, porque si los humanos nos parecemos en nuestro legado genético en un noventa y ocho por ciento a un hámster, qué no te parecerás a ese vecino del que crees que eres tan distinto, tan superior, tan ajeno éticamente. Es un camino difícil éste que tenemos que recorrer, una empresa que sin lugar a dudas supera a sus participantes, pero para variar esta vez no se trata de ganar, pues la única forma de ganar esta partida es perdiendo la vida, no participando en el juego, comportamiento propio de un niño que no quiere jugar cuando no le dejan que todo sea exactamente como el desea.
¡Cómo conciliar el agua con el fuego! ¡Cómo hacer que llueva a gusto de todos! ¡Cómo conseguir que mi beneficio no sea en perjuicio del prójimo! ¿Y al revés? ¡Cómo hacer para ser estable en mis propósitos sin perder la flexibilidad que siempre acompañó a la evolución! ¡Cómo! ¡Cómo! ¿Cómo puedo entender este mundo y a sus gentes si a menudo no me entiendo ni yo mismo? ¿Cómo puedo saber que lo que veo es lo que es y no lo que quiero ver, lo que me interesa ver? Yo no lo sé, amigo, son demasiadas preguntas para que puedan ser respondidas por una sola persona. Espero que E.T. te ayude a acercarte en este ambicioso proyecto, pero necesitarás de mucha más ayuda, de escuchar a más gente, de mucho más trabajo por tu parte que leer unas cuantas líneas, y no olvidar que esta carrera sólo se puede ganar de una forma: una vez asumido que nuestra derrota es inevitable, disfrutemos de cada metro recorrido. Pero no seamos vulgares, no sólo se trata de disfrutar, sino de disfrutar intentando crear un mundo mejor para todos. ¿Que qué es un mundo mejor? No lo sé, responder esta pregunta forma parte de tu carrera.
Entre preguntas, incongruencias, pasiones, negaciones, ilusiones y dudas empezamos un nuevo año, un año precioso. Todos lo son, pero el encanto del 2010 sólo puede ser eclipsado por la redondez del 2020, y para eso aún queda mucho. Supongo que si un extraterrestre observase nuestro ritual de buenos propósitos cuando cambiamos de año le llamarían la atención varias cosas... Lo primero que le parecería curioso es que los humanos brindemos pidiendo amor, salud y dinero, cuando ninguna de estas cosas se piden, se conquistan. Lo siguiente que le haría gracia es comprobar cómo las cosas que pedimos este año son muy parecidas a las del año anterior, y serán igual de parecidas a las del siguiente, dejando clara constancia de la dificultad que tenemos para mantener nuestros proyectos cuando los efectos del champán y la buena compañía han caducado.
Sigamos viendo cómo vería un extraterrestre nuestra comprometida entrada de año... Las personas pedimos dejar malos hábitos como el tabaco mientras brindamos con alcohol, mejorar la comunicación con nuestras parejas mientras esperamos un mensaje en el móvil de nuestro amante felicitándonos el año, pedimos por los pobres a la vez que vaciamos nuestras tarjetas de crédito en los regalos del seis de enero, nos proponemos pasar más tiempo con la familia mientras miramos en un folleto el coche o la joya que nos queremos comprar y que obviamente requerirá un dinero extra que sólo puede salir de arrebatar más horas a nuestra familia, y así más y más deseos, ilusiones, pasiones y sueños, pero con menos y menos compromiso, constancia y sensatez. La verdad es que  somos una especie bastante original, no vamos a negarlo.
Es una lástima que los adultos sigamos confiando en los Reyes Magos y en el ratoncito Pérez, es una lástima que algunos adultos sigan creyendo que con rezos y culpas las cosas cambiarán, y, como no, es una lástima que pensemos que nos podemos alimentar de preciosas ideas y no de laboriosas acciones... Pero lo que no es una lástima, todo lo contrario, es asombroso, es la capacidad de los seres humanos para aprender, para rectificar de sus errores, para cambiar la dirección de sus vidas cuando éstas parecen condenadas. Nunca es tarde, dice el refrán, hoy es mejor que mañana y mañana mejor que pasado.
Me parece bien dejar los buenos propósitos para el comienzo del año, siempre y cuando nos encontremos a veintinueve de diciembre, veintiocho como mucho. ¿Cómo podríamos explicarle si no a un extraterrestre que sólo podemos iniciar el cambio de algo que nos perjudica, que nos hace infelices, un día de los trescientos sesenta y cinco que tiene el año? No, no creo en los buenos propósitos de cambio de temporada, al igual que les decimos a nuestros hijos que no creemos que dejar los deberes para última hora sea una buena idea. Ya sé lo que solemos argumentar, que esa fecha es un empujón, una excusa para empezar, pero si necesitas excusas y empujones maternales, aún estás muy lejos de estar preparado para acometer un proyecto que en el mejor de los casos requerirá bastante esfuerzo y paciencia por tu parte. Teniendo en cuenta que nadie te asegura que mañana tus pulmones puedan robar el oxígeno al aire ni tus ojos acariciar la belleza que te rodea, piensa que cada día que te acuestas es fin de año y cada día que tienes la inmensa fortuna de despertar, año nuevo, y entonces y sólo entonces, estaré de acuerdo con los sanos propósitos del nuevo año. Hasta entonces, deja de echar la lotería buscando que el azar cambie tu destino, deja de esperar el momento perfecto porque ese momento nunca llegará, deja de minimizar las consecuencia de tus actos, deja de culpar a otros de tus malas elecciones, deja de pedirle a Dios o a Buda que te ponga las cosas más fáciles, deja de hacer todas esas cosas para centrarte en lo único que debes hacer: actuar. Y para hacer esto, cualquier día de todos los días que tienes por delante de tu corta y extensa vida es propicio. ¡E.T. y yo os deseamos feliz y comprometida conquista para cada día de este 2010!

Rafael Romero Rico

 

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